Todo alrededor era hermoso, como si fuera el mejor cuento de hadas.
Por ver que tú eras un príncipe, quise ser la mejor princesa, pero otro se encargó de recordarme que nunca supe llevar corona. Tampoco he conseguido adaptarme al trono.
Pero justo entonces me hiciste ver la realidad, y descubrí que no eras un príncipe, que eras mucho más.
Por eso, prométeme que vendrás a por mí, que haremos mil cosas juntos, que me enseñarás a ser feliz. Sólo promételo, que ya veremos como hacemos que se cumpla.
Se acabó el cuento de hadas, tuvo el más bello final, con pájaros tirando flores y orquesta real. Ahora toca vivir la vida, y sería más bonita si viviéramos juntos. No hace falta olvidar el pasado, sólo dejarlo atrás. Yo iré pensando en cosas que hacer juntos, me conformo con que tú pienses en mí. No hace falta ir de la mano, solo ir, y tampoco compartir helado, solo compartir.
Por eso, prométeme que vendrás a por mí, que haremos mil cosas juntos, que me enseñarás a ser feliz. Sólo promételo, que ya iremos viendo cómo cumplir.
Perdí el sentido del tacto, creo que tú lo has encontrado al final de tus manos. Me veo en la obligación de compararlo todo. El café me sabe amargo, ya no me emborracho. Conozco el infinito, pero no puedo mirar a los ojos. He dejado de caminar por no estar más lejos de tí. Y muchas cosas más que aún no sé explicar.
Por eso, prométeme que vendrás a por mí, que haremos mil cosas juntos, que me enseñarás a ser feliz. Sólo promételo, que ya iremos viendo cómo cumplir.
Dime todo lo demás.
miércoles, 27 de julio de 2011
martes, 28 de junio de 2011
Un recuerdo 18,2011. Adiós.
Un latido marcado, sin ritmo acelerado, pero marcado. Que atraviesa el pulmón, tres costillas, el pecho y el pezón. Ya lo sabe, está aceptado, pero hay que oírlo, no hay necesidad, pero hay que oírlo. Y lo oye, lo escucha. Una voz inesperada, una cara familiar, que nunca había visto, jamás. No se derrumba, sabe lo que tiene que hacer, corre a paso lento, decidido. Y se ve diciendo lo que antes escuchó.
No duele, sólo está, ahí, dentro.
Pasos, es él. Una silla deja de sentir calor, camina. El peso de otra persona aplasta el suyo, y se ve fuerte, y se siente orgullosa. Una nueva figura en ella. Unas llaves, un motor, un camino.
Una carretera, un parque, una lágrima. Aguanta.
Sol...campo...flores...tierra...verja.
Ascensor, piso 13, puerta. Paredes blancas, esquina, pasillo, esquina, silencio, puerta, silencio, gente, familia. Un latido, pumpum, dos latidos, hola, pumpum, tres latidos, pum...abrazo...pum, cuatro latidos.
Valor, ¿valor?, seguridad, lo normal, puerta, pasillo, enfermeras, un llanto callado. La puerta, una cama, cortina, tras la cortina: LUZ. Ella, ella, él, ella, hola a todos, él.
Un latido, pumpum.... ¿?....nada. Sonrisa, es él, está, él. Una caricia, dos, tres, sonrisa, cuatro, es él, sigue ahí.
Sigue ahí.
Sigue ahí.
Se le llevan, otra prueba, no, ninguna más.
Lloran, no hay más, nada más.
Te ves venir, no es tuyo, pero está en tí, pero no es tuyo. Sale, no es tuyo, rabia, no eres tú. No quiero drogas. Y sale. Falta alguien. Y es normal, no hay nada más.
Coche, más coches, otro coche. San Isidro. Pradera, sin gente, convertida en parque, vacío.
Y está ahí, sigue ahí, no se ha ido.
Noche.
Sigue ahí, está ahí. Amigos. Gente, mucha gente, demasiada, que se vayan. Sigue ahí.
Contenida, explota, un golpe en el cristal, diez golpes sobre tí, no eres tú. Reproches, calma conocida inesperada.
Y se va.
Coches, más coches, el coche... SIGUE AHÍ, ESTÁ AHÍ, MÍRALE!. Se va.
Campo, montaña, muro, verja. HA VUELTO, es...él...está...ahí. Sol, mucho sol. Calor...frío...está...ahí.
Tierra, palas, flor, tierra, corre, flor, cuerdas. Tierra, tierra, tierra, tierra, BASTA!.
Piedra, palanca, despacio, demasiado despacio, BASTA!, me ahogo, te ahogas, me ahogo, te ahogas... te...ahogas...te ahogas... me ahogo. Adiós...¿?...¿?...¿¿¿¿????. ¡¿NO?!
Mano sin fuerzas sostiene flor delicada recién arrancada, es decir, muerta. Pies arrítmicos que un día bailaron... pero ya no. Pisas sin querer un apellido que vive, seguido de un nombre muerto. Piedras olvidadas. Recargamiento de santos, fotos curiosas. Pero todo se ve blanco. Gafas de sol, una lágrima en la mejilla, dos en la barbilla, dieciocho esperan en el corazón. Zarajos dentro de tí. Una voz. Dos voces. Un grito. Muda. Un hoyo, tierra, dos palas, una piedra, una caja. ¿Dónde está? Sabes dónde debería estar. Habla, hazte oír. Quieres y no puedes, te ayudan, y la flor cae dentro. Ceño fruncido, morros fruncidos.
Y se quedó para siempe, seca, con asombro, sin entender nada.
No duele, sólo está, ahí, dentro.
Pasos, es él. Una silla deja de sentir calor, camina. El peso de otra persona aplasta el suyo, y se ve fuerte, y se siente orgullosa. Una nueva figura en ella. Unas llaves, un motor, un camino.
Una carretera, un parque, una lágrima. Aguanta.
Sol...campo...flores...tierra...verja.
Ascensor, piso 13, puerta. Paredes blancas, esquina, pasillo, esquina, silencio, puerta, silencio, gente, familia. Un latido, pumpum, dos latidos, hola, pumpum, tres latidos, pum...abrazo...pum, cuatro latidos.
Valor, ¿valor?, seguridad, lo normal, puerta, pasillo, enfermeras, un llanto callado. La puerta, una cama, cortina, tras la cortina: LUZ. Ella, ella, él, ella, hola a todos, él.
Un latido, pumpum.... ¿?....nada. Sonrisa, es él, está, él. Una caricia, dos, tres, sonrisa, cuatro, es él, sigue ahí.
Sigue ahí.
Sigue ahí.
Se le llevan, otra prueba, no, ninguna más.
Lloran, no hay más, nada más.
Te ves venir, no es tuyo, pero está en tí, pero no es tuyo. Sale, no es tuyo, rabia, no eres tú. No quiero drogas. Y sale. Falta alguien. Y es normal, no hay nada más.
Coche, más coches, otro coche. San Isidro. Pradera, sin gente, convertida en parque, vacío.
Y está ahí, sigue ahí, no se ha ido.
Noche.
Sigue ahí, está ahí. Amigos. Gente, mucha gente, demasiada, que se vayan. Sigue ahí.
Contenida, explota, un golpe en el cristal, diez golpes sobre tí, no eres tú. Reproches, calma conocida inesperada.
Y se va.
Coches, más coches, el coche... SIGUE AHÍ, ESTÁ AHÍ, MÍRALE!. Se va.
Campo, montaña, muro, verja. HA VUELTO, es...él...está...ahí. Sol, mucho sol. Calor...frío...está...ahí.
Tierra, palas, flor, tierra, corre, flor, cuerdas. Tierra, tierra, tierra, tierra, BASTA!.
Piedra, palanca, despacio, demasiado despacio, BASTA!, me ahogo, te ahogas, me ahogo, te ahogas... te...ahogas...te ahogas... me ahogo. Adiós...¿?...¿?...¿¿¿¿????. ¡¿NO?!
Mano sin fuerzas sostiene flor delicada recién arrancada, es decir, muerta. Pies arrítmicos que un día bailaron... pero ya no. Pisas sin querer un apellido que vive, seguido de un nombre muerto. Piedras olvidadas. Recargamiento de santos, fotos curiosas. Pero todo se ve blanco. Gafas de sol, una lágrima en la mejilla, dos en la barbilla, dieciocho esperan en el corazón. Zarajos dentro de tí. Una voz. Dos voces. Un grito. Muda. Un hoyo, tierra, dos palas, una piedra, una caja. ¿Dónde está? Sabes dónde debería estar. Habla, hazte oír. Quieres y no puedes, te ayudan, y la flor cae dentro. Ceño fruncido, morros fruncidos.
Y se quedó para siempe, seca, con asombro, sin entender nada.
martes, 3 de mayo de 2011
Dalí, Miró. Surrealismo.
Hoy no escribo, no sé, esto es todo. Si en un futuro soy famosa, esto es digno de estudio, y entra en Selectividad a jóvenes de 24 años, no tendrá mayor complicación para ser descifrado.
sábado, 16 de abril de 2011
Me indigno y escribo tonterías. Tomo 134
Alguien me dijo que cuando quisiera algo cerrase los ojos fuertes y lo gritara con todas mis fuerzas. Pues bien, ahora me llaman la Muda Loca y veo el mundo entre lucecitas de colores.
Siempre me han dicho que cuando quiero algo, muevo cielo y tierra y siempre lo consigo. Pero la realidad es que el cielo sigue arriba, la tierra abajo y mi casa llena de murciélagos dormidos.
Detesto que me hayan inculcado el "si quieres puedes" y la "nada es imposible". Nadie se encarga de buscar explicación a la muerte, muchos han conseguido atrasarla pero nadie se atreve a solucionarla, solo los soñadores, y entonces hacen una película porque necesitan dinero.
Por lo visto alguien me apuntó a clases intensivas de comprensión y análisis del pasar de los años y su fin. Como tesis propongo la complicación que resulta al no saber a quién llorarle, por quien ponerte triste, en quien pensar cuando necesitas llorar para la escena de la muerte principal del personaje, a quien atribuirle tus éxitos mientras miras hacia arriba. Sí, estoy dando pena, voy de víctima, pero es la ventaja que tiene estar de luto, nadie te reprocha nada.
Las enfermedades, una vez pasado el tiempo, dejan de dolerte, te vas recuperando. Esto no, esto aparece años después, cuando ya no te acuerdas, cuando haces limpia en el cajón, o cuando te tropiezas, o cuando pasas por allí, o cuando te llega el olor, y vas a dar con ese jabón que huele a ella, con esa frase que decía él, con el nombre de ese pez que nadie sabe y él te enseñó. Y entonces te tiembla la barbilla y ya no comes, y todo es emborrona, y se te duermen las piernas, y te duele el brazo.
Y olles pasos por detrás y se derrepente se te pasa. Y te hacen reír y no te duele.
Entonces, piensas que tienes manía bipolar, pero a él también le pasa. Y piensas que aquel hombre no estaba enfermo, tan solo fue valiente, tan solo un día no pudo más y lloró con ganas y al rato, alguien le hizo reír hasta que le dolió la tripa. Y entonces él está loco. A los locos los encierran, porque son felices, y en el fondo nadie quiere ser feliz. Si todos fuésemos felices, nadie podría ser más feliz que otro, y entonces la gente que tiene la vista fijada por en cima de los hombros (y de los hombres) no se distinguirían de los demás, y podrían matar a alguien.
Así que, ya está, ahora piensas en otra cosa y se te pasa. Y mañana, te despertarás y nadie se acordará de nadie.
Siempre me han dicho que cuando quiero algo, muevo cielo y tierra y siempre lo consigo. Pero la realidad es que el cielo sigue arriba, la tierra abajo y mi casa llena de murciélagos dormidos.
Detesto que me hayan inculcado el "si quieres puedes" y la "nada es imposible". Nadie se encarga de buscar explicación a la muerte, muchos han conseguido atrasarla pero nadie se atreve a solucionarla, solo los soñadores, y entonces hacen una película porque necesitan dinero.
Por lo visto alguien me apuntó a clases intensivas de comprensión y análisis del pasar de los años y su fin. Como tesis propongo la complicación que resulta al no saber a quién llorarle, por quien ponerte triste, en quien pensar cuando necesitas llorar para la escena de la muerte principal del personaje, a quien atribuirle tus éxitos mientras miras hacia arriba. Sí, estoy dando pena, voy de víctima, pero es la ventaja que tiene estar de luto, nadie te reprocha nada.
Las enfermedades, una vez pasado el tiempo, dejan de dolerte, te vas recuperando. Esto no, esto aparece años después, cuando ya no te acuerdas, cuando haces limpia en el cajón, o cuando te tropiezas, o cuando pasas por allí, o cuando te llega el olor, y vas a dar con ese jabón que huele a ella, con esa frase que decía él, con el nombre de ese pez que nadie sabe y él te enseñó. Y entonces te tiembla la barbilla y ya no comes, y todo es emborrona, y se te duermen las piernas, y te duele el brazo.
Y olles pasos por detrás y se derrepente se te pasa. Y te hacen reír y no te duele.
Entonces, piensas que tienes manía bipolar, pero a él también le pasa. Y piensas que aquel hombre no estaba enfermo, tan solo fue valiente, tan solo un día no pudo más y lloró con ganas y al rato, alguien le hizo reír hasta que le dolió la tripa. Y entonces él está loco. A los locos los encierran, porque son felices, y en el fondo nadie quiere ser feliz. Si todos fuésemos felices, nadie podría ser más feliz que otro, y entonces la gente que tiene la vista fijada por en cima de los hombros (y de los hombres) no se distinguirían de los demás, y podrían matar a alguien.
Así que, ya está, ahora piensas en otra cosa y se te pasa. Y mañana, te despertarás y nadie se acordará de nadie.
La pareja del café.
Un café moderno en una calle vieja. Mobiliario con reciente olor a barniz y chirridos de cargas durante años. Un cuadro de Charlie Chaplin junto a otro de los Beatles. Pantalla de LED con vídeo en blanco y negro. Olor a café de casa de la abuela en cafetera de George Clooney. Sonido digital envolvente de canciones de la gramola sin enchufar del rincón. Asientos con tejido rococó comprado en Julián Lopez. Aspecto sencillo y acogedor de enorme presupuesto. Odiaría estos sitios que tratan de unir el futuro con el pasado sin importarles que se coman todo el tiempo entre medias, pero los ojos que miran esa pequeña boca que habla sin sentido mientras piensa lo suave de la mano que acaricia su dedo índice impidiendo que dé otro sorbo a su café, me invitan a pensar en el presente.
Yo me iré cuando pida la cuenta, pero ellos seguirán hablando del pasado mientras ambos, sin saberlo, piensan en el futuro. Y el propietario del café tendrá razón. Y yo cambiaré de sitio, a pesar de que el café lo servían con una galleta recién hecha.
Yo me iré cuando pida la cuenta, pero ellos seguirán hablando del pasado mientras ambos, sin saberlo, piensan en el futuro. Y el propietario del café tendrá razón. Y yo cambiaré de sitio, a pesar de que el café lo servían con una galleta recién hecha.
domingo, 20 de marzo de 2011
No sé.
No desafíes, si sabes que perderás la apuesta.
No corras, si ya no te quedan fuerzas.
Nunca preguntes, si no quieres oír la respuesta.
No vuelvas al ring, cuando has tirado la toalla.
No quieras volar, si ya no tienes alas.
Nunca hables, cuando todo el mundo calla.
No intentes ver algo, si está todo a tientas.
No mires al cielo, si sabes que hay tormenta.
Nunca digas algo, si vas a incumplir la promesa.
No trates de hacer lo imposible, tampoco lo difícil, ni si quiera lo sencillo.
Haz lo que venga, lo que toque, lo que esté descubierto y no conlleve una responsibilidad mayor a tus capacidades.
No corras, si ya no te quedan fuerzas.
Nunca preguntes, si no quieres oír la respuesta.
No vuelvas al ring, cuando has tirado la toalla.
No quieras volar, si ya no tienes alas.
Nunca hables, cuando todo el mundo calla.
No intentes ver algo, si está todo a tientas.
No mires al cielo, si sabes que hay tormenta.
Nunca digas algo, si vas a incumplir la promesa.
No trates de hacer lo imposible, tampoco lo difícil, ni si quiera lo sencillo.
Haz lo que venga, lo que toque, lo que esté descubierto y no conlleve una responsibilidad mayor a tus capacidades.
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