Tu ombligo, madre, es la puerta que Dios dejó abierta para cuando quisiera regresar, para cuando tenga miedo y el mundo se me caiga encima, para que me sirva de refugio. Pero tu vientre se me hace pequeño cuando veo la grandeza que reside en tus ojos, madre, que a falta de uno me ofreces dos faros cuando el océano invade los míos; y Dios te los puso grandes para que no me pierda. Que con esos dos ojos has visto cada piedra que se nos cruzó en el camino a mí y a mi hermano, anticipándote a ella para que no tropezáramos. Y a pesar de todo, no has podido evitar vernos en el suelo, ver nuestra caída y nuestro sufrimiento, pero has conseguido levantarnos, doliéndote por nosotros, sacando finalmente esa sonrisa que sólo tú conoces.
Pero madre, ¿tú sabes la grandeza que me supone saber que yo he nacido de ti, que soy una extensión de tu cuerpo, que soy la continuación de tu vida? No sólo eso, la continuación de tu vida junto a mi padre, el fruto del amor más puro, que uniendo toda vuestra energía habéis conseguido crear el SOL más radiante. Puede que al crecer no hayamos podido mirar con orgullo mil diplomas en la pared, que no me hayas explicado nunca cómo se forman las nubes, por qué el cielo es azul, quien ganó la guerra de Vietnam... Pero todo eso se vuelve pequeño al lado de lo que tú me has enseñado: conozco de sobra lo dulce y lo amargo de la vida, por qué se forman las durezas en las manos, cómo suda una frente, que la humildad rompe barreras y, sobre todo, que con esfuerzo nada es imposible y que mi familia me hace grande. Tú me has levantado alto para poder tocar el cielo, he sentido la caricia del suelo en mi espalda y he sabido lo que es crecer por cada piedra más grande que he tirado al río. Madre, jamás te avergüences de no poder colgar un título en la pared, que en tu pecho tienes infinitos galardones, que mi hermano y yo sabemos que cada arruga de tus ojos es una batalla que has vencido y eres campeona del mundo en dar caricias suaves.
Victoria, que tu nombre ya lo dice todo.
No te enfades conmigo si te hago gritar, que lo hago para saber que tu voz sigue fuerte, que me gusta que retumbe en mi cabeza y despierte mis ideas. No me regañes si duermo hasta tarde, que me gusta soñar con mi futuro. Mis recompensas son fruto de tu esfuerzo, cada medalla que consigo tiene por un lado tu cara y por otro la de mi padre. Lo mejor de todo es que no temo al fracaso porque sé que, al final de mi caída, tu cuerpo sirve de colchón.
También conozco que hay momentos en los que toda tu grandeza se reduce y te invade la debilidad del ser humano, te conviertes en suspiros y el día se vuelve gris. Y aún así consigues sacar una sonrisa al ver mi cara, y así me llenas más de orgullo. Me haces fuerte al saber que también tu felicidad puede depender de mí, que mis abrazos consiguen recomponer tus pedazos, que te hago falta para sobrevivir.
Gracias mamá por conocer a papá, gracias por enamoraros, gracias por imaginarnos y gracias por aceptarnos como un regalo. Confío en aprender a tener la fortaleza de mantener una vida en mis manos como tú lo haces, por ahora intento aprender a devolverte todo lo que tú me has dado, servirte de alimento, de aire que llene tus pulmones, de risa que inunde tus oídos.
Podría llenar todas las páginas del mundo con todo lo que te quiero, pero me da miedo perder más tiempo sin estar abrazada a ti. No le pongo un punto a esto porque continúa con el beso que voy a darte ahora, ya me estás oyendo correr por el pasillo, te quiero
domingo, 6 de mayo de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
A las doce de la noche se despierta mi deseo.
Son las doce de la noche, a partir de ahora todo está permitido. Escuchas algo sin querer, esa frase dicha sin claro receptor, aquello que estabas ignorando te desvela la noche y la verdad.
Y aparece ese escalofrío que reparte calor por todo tu cuerpo llegando a crear una verdadera hoguera en el rincón más oscuro. Entonces lo sientes, aparece sin avisar, sin pedir la palabra resuena en tu cabeza el latir de tu corazón excitado. Te lleva, te incita y te atrapa como una camisa de fuerza.
Te ves sin control, sin saber dónde esconderte, dónde encontrar tranquilidad, como un ratón sin su agujero.
Sí, ha vuelto a tu cabeza,
lo ha traído el corazón:
el recuerdo de esa tarde
juntos en la habitación.
Y no lo puedes evitar, ya es demasiado tarde, como la peor de las vacunas ha infectado todo tu cuerpo, sin embargo no te cura, te empeora, te da fiebre, sudas, arde todo tu cuerpo y se empañan los cristales. Y todo se contradice, se vuelve verano el invierno, pica el sol y está nublado, te siento dentro y ni si quiera estás fuera.
Y hacía meses que te fuiste, ya no te necesitaba, dejé de olvidarte y ni si quiera sentía odio ya.
Pero a mi cuerpo no le ha resultado tan fácil. Y recuerda... tu boca que no era tuya, ni mi boca era mía, no eran de nosotros, se poseían a sí mismas. Siente tu mano dulce en mi nuca y la otra ciega en mi espalda practicando caída libre y se agarra antes de precipitarse. Y busca su vacío, y lo encuentra en lo profundo y sale asustada pero vuelve a entrar atrevida.
Tu ombligo encuentra su mitad y de tanto que se unen forman naranja entera; con él, sin querer, viene otro invitado, antes dormido, ahora despierto por ser llamado al pelotón, pero se pierde, se pierde... y sin embargo permanece firme, fuerte, duro, sin saber que así será mejor atraparle. Sin previo aviso la rapaz lo siente, lo divisa, y desciende rápido desde tu cabeza, por tu nuca, por tu pecho... como un relámpago que recorre tu eje de simetría y no se detiene hasta alcanzar su objetivo... y lo alcanza. Lo alcanza, sin miedo, con ganas, fue tan larga la espera.
Dos suspiros cronometrados, dos suspiros que no dejan escapar energía, la crean. Y entonces ya no hay vuelta atrás, ya se han adentrado, se han encontrado y los ojos necesitan ver para creer: dos camisetas de distintas tallas, dos pantalones de distinto color, mi sujetador... finalmente dos prendas opuestas se miran, se extrañan, se comparan y no encuentran igualdad... asustadas deciden esconderse, arrugarse y dejarse por los suelos.
Tu boca y mi boca se dan la orden y con el mayor de los suspiros dejan de ser suyas. Deciden experimentar, conocer nuevos lugares del mismo mundo, del mío, del tuyo, del nuestro. Y se van, y se alejan, y se sienten desde otra parte, y no notan diferencia porque es el mismo calor, el de tu cuerpo y el de mi aliento expulsado con un cañón. Y tu lengua, y mi boca. Y mis manos en la redondez de tu culo y tus manos en la redondez de mis pechos. Ya no suspiro, se me agrandan los pulmones y no hay suficiente aire para llenarlos. Todo deja de ser intuición, todo se vuelve puro y duro, animal, los roces siguen pero empiezan a quedarse pegados. Sucio y a la vez limpio, tu sudor se vuelve la mejor de tus colonias, mi sabor se vuelve ácido, me gusta la manera en la que me siento rara. Hasta que nos volvemos simétricos y el eje que hay entre los dos se ve aplastado por un cuerpo sobre el otro, te veo los ojos y me ves los míos, recuerdo que eres tú, que soy yo, y el deseo es aún mayor.
Y tanta poesía, tanto amor, tanto suspiro se vuelve sexo. Pero tú no estás aquí,
la canción se acaba y vuelvo a la realidad, se abre la caja de Pandora y todo sale volando cerrándose para que únicamente quede el deseo abrazado a la esperanza.
Me duele la cabeza, el ceño se me frunce y suspiro, ahora sí, abandonando toda mi energía.
Fuiste la miel en mis labios cuando yo quería el bote entero.
Y aparece ese escalofrío que reparte calor por todo tu cuerpo llegando a crear una verdadera hoguera en el rincón más oscuro. Entonces lo sientes, aparece sin avisar, sin pedir la palabra resuena en tu cabeza el latir de tu corazón excitado. Te lleva, te incita y te atrapa como una camisa de fuerza.
Te ves sin control, sin saber dónde esconderte, dónde encontrar tranquilidad, como un ratón sin su agujero.
Sí, ha vuelto a tu cabeza,
lo ha traído el corazón:
el recuerdo de esa tarde
juntos en la habitación.
Y no lo puedes evitar, ya es demasiado tarde, como la peor de las vacunas ha infectado todo tu cuerpo, sin embargo no te cura, te empeora, te da fiebre, sudas, arde todo tu cuerpo y se empañan los cristales. Y todo se contradice, se vuelve verano el invierno, pica el sol y está nublado, te siento dentro y ni si quiera estás fuera.
Y hacía meses que te fuiste, ya no te necesitaba, dejé de olvidarte y ni si quiera sentía odio ya.
Pero a mi cuerpo no le ha resultado tan fácil. Y recuerda... tu boca que no era tuya, ni mi boca era mía, no eran de nosotros, se poseían a sí mismas. Siente tu mano dulce en mi nuca y la otra ciega en mi espalda practicando caída libre y se agarra antes de precipitarse. Y busca su vacío, y lo encuentra en lo profundo y sale asustada pero vuelve a entrar atrevida.
Tu ombligo encuentra su mitad y de tanto que se unen forman naranja entera; con él, sin querer, viene otro invitado, antes dormido, ahora despierto por ser llamado al pelotón, pero se pierde, se pierde... y sin embargo permanece firme, fuerte, duro, sin saber que así será mejor atraparle. Sin previo aviso la rapaz lo siente, lo divisa, y desciende rápido desde tu cabeza, por tu nuca, por tu pecho... como un relámpago que recorre tu eje de simetría y no se detiene hasta alcanzar su objetivo... y lo alcanza. Lo alcanza, sin miedo, con ganas, fue tan larga la espera.
Dos suspiros cronometrados, dos suspiros que no dejan escapar energía, la crean. Y entonces ya no hay vuelta atrás, ya se han adentrado, se han encontrado y los ojos necesitan ver para creer: dos camisetas de distintas tallas, dos pantalones de distinto color, mi sujetador... finalmente dos prendas opuestas se miran, se extrañan, se comparan y no encuentran igualdad... asustadas deciden esconderse, arrugarse y dejarse por los suelos.
Tu boca y mi boca se dan la orden y con el mayor de los suspiros dejan de ser suyas. Deciden experimentar, conocer nuevos lugares del mismo mundo, del mío, del tuyo, del nuestro. Y se van, y se alejan, y se sienten desde otra parte, y no notan diferencia porque es el mismo calor, el de tu cuerpo y el de mi aliento expulsado con un cañón. Y tu lengua, y mi boca. Y mis manos en la redondez de tu culo y tus manos en la redondez de mis pechos. Ya no suspiro, se me agrandan los pulmones y no hay suficiente aire para llenarlos. Todo deja de ser intuición, todo se vuelve puro y duro, animal, los roces siguen pero empiezan a quedarse pegados. Sucio y a la vez limpio, tu sudor se vuelve la mejor de tus colonias, mi sabor se vuelve ácido, me gusta la manera en la que me siento rara. Hasta que nos volvemos simétricos y el eje que hay entre los dos se ve aplastado por un cuerpo sobre el otro, te veo los ojos y me ves los míos, recuerdo que eres tú, que soy yo, y el deseo es aún mayor.
Y tanta poesía, tanto amor, tanto suspiro se vuelve sexo. Pero tú no estás aquí,
la canción se acaba y vuelvo a la realidad, se abre la caja de Pandora y todo sale volando cerrándose para que únicamente quede el deseo abrazado a la esperanza.
Me duele la cabeza, el ceño se me frunce y suspiro, ahora sí, abandonando toda mi energía.
Fuiste la miel en mis labios cuando yo quería el bote entero.
miércoles, 18 de enero de 2012
Mete mis ganas en tu ombligo.
Vigila por dónde caminan
tus manos
que por cada lunar hay una mina
y puedes salir volando.
Y romperte en mil pedazos
y quedar cada uno esparcido
por cada esquina de
mi cuerpo.
Tú vigila, vigila,
que a mi espalda no la veo,
se tú su protector y tapa
con cada dedo
cada uno de mis agujeros.
Acaricia mis heridas,
tápalas con tu saliva,
ciérralas con un beso.
Sujeta mis rodillas
cuando tiemblen,
roza tu cuerpo con el mío
y conseguiremos prendernos fuego
para acabar con este frío.
Si cierro los ojos
y no puedo verte
haz que te sienta,
muérdeme hasta los codos, consigue besarme el alma.
Que nos tenga envidia la rosa del Principito.
Que nos tenga envidia la rosa del Principito.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Del algodón al cemento
Algunos tratan de ser de esas personas que afirman que por cada vez que caen deben levantarse después. Pero yo no me caigo, no sólo tropiezo, yo me tiro de cabeza contra el suelo. Y si intento levantarme hay alguien que se encarga de volver a empujarme. ¿Acaso no debería acostumbrarme a vivir pegada al suelo? De tantas veces que me he caído, tirado o me han empujado, ya estoy acostumbrada a su dureza, a su frialdad en invierno y su ardor en verano.
Al final parece que el camino que todos seguimos para alcanzar la felicidad es el de adaptarnos al medio en el que vivimos, con pequeños instantes sobre las nubes.
Lo malo es que si yo subo a las nubes, caer al suelo otra vez es mucho más doloroso.
lunes, 5 de diciembre de 2011
El monstruo que ocupó tu sitio debajo de mi cama.
Desde que no estás tengo miedo. Miedo a hablar y equivocarme. Y si no puedo hablar, no puedo decirte todo lo que quiero:
Podría decirte que te echo de menos, o directamente que te quiero. Quizás, para hacerlo más bonito, podría decirte que sin ti no vivo. Para ser más concreta, podría decirte que el sol sale a las doce de la noche si te veo venir, pero que se vuelve una simple farola si te detienes a 10 metros de mí y la bombilla se funde si encima no me miras. Si me vuelvo realista, podría decirte que mi imaginación se desarrolla en torno a cómo saludarte si apareces por la pantalla de mi ordenador; que noto más golpes en mi pecho por segundo desde que me respondes el saludo y que, cuando te vas sin decirme "te quiero" le rompes la lógica de la rutina a mi cabeza y además, se me estropea el corazón. Si prefieres mi parte sensible, podría decirte que no veo el azul del cielo, mis labios no sienten calor, no escucho lo que quiero, no beso lo que siento y sólo conozco un olor. Si te gustaba cuando era tonta, podría decirte que duermo abrazada a ti desde mi cama, que busco tu colonia en las perfumerías, que me sé de memoria todas tus fotos... en verdad no son tonterías, me las dejé en tus manos.
Podría decirte cosas infinitas, cosas imposibles, hablarte del futuro, recordarte el pasado... pero la verdad es algo muy difícil, que mucha gente sabe y pocos se atreven a decir. Y yo tengo miedo, por eso te pido que vengas en mis sueños para que estés conmigo y se me pase. Y de repente te veo, y voy corriendo, me atrevo y te cuento todo y quiero gritar que te quiero. Pero todo el mundo sabe que es imposible gritar en los sueños.
Podría decirte que te echo de menos, o directamente que te quiero. Quizás, para hacerlo más bonito, podría decirte que sin ti no vivo. Para ser más concreta, podría decirte que el sol sale a las doce de la noche si te veo venir, pero que se vuelve una simple farola si te detienes a 10 metros de mí y la bombilla se funde si encima no me miras. Si me vuelvo realista, podría decirte que mi imaginación se desarrolla en torno a cómo saludarte si apareces por la pantalla de mi ordenador; que noto más golpes en mi pecho por segundo desde que me respondes el saludo y que, cuando te vas sin decirme "te quiero" le rompes la lógica de la rutina a mi cabeza y además, se me estropea el corazón. Si prefieres mi parte sensible, podría decirte que no veo el azul del cielo, mis labios no sienten calor, no escucho lo que quiero, no beso lo que siento y sólo conozco un olor. Si te gustaba cuando era tonta, podría decirte que duermo abrazada a ti desde mi cama, que busco tu colonia en las perfumerías, que me sé de memoria todas tus fotos... en verdad no son tonterías, me las dejé en tus manos.
Podría decirte cosas infinitas, cosas imposibles, hablarte del futuro, recordarte el pasado... pero la verdad es algo muy difícil, que mucha gente sabe y pocos se atreven a decir. Y yo tengo miedo, por eso te pido que vengas en mis sueños para que estés conmigo y se me pase. Y de repente te veo, y voy corriendo, me atrevo y te cuento todo y quiero gritar que te quiero. Pero todo el mundo sabe que es imposible gritar en los sueños.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Lo esencial es invisible para los OJOS
Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante
No sé que es peor si mis "sin querer" o tus "a propósitos"; que te apuñalen una vez por la espalda o veinte a la cara; al que un día le cegó la luz o el ciego que no quiere verla.
Si siento que no se llenan mis pulmones y me cuesta respirar es porque me acostumbré a que tu olor formara el ochenta por ciento del aire que respiro. Ni el mejor de los platos puede alimentarme la mitad de lo que lo hacías tú. Por las noches te imagino, pienso que estás al otro lado de la cama pero no recibo más calor que el de las sábanas; ni los sueños quieren que te encuentres conmigo. ¿No ves que si desapareces tan rápido de mi vida me muero? No respiro, no como, no duermo. Y no hace falta que te diga que sin tí no sonrío.
Porque resulta que mis días se construían sobre tí y yo no me dí cuenta que siempre estabas ahí, sacando lo mejor de mí http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/12/el-pitido-del-silencio.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/10/hoy-escribo-para-nadie.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/08/uno-y-uno-siempre-fueron-dos.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/07/interpretame-mal-yo-te-entendere-bien.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/05/diferentes-pensamientos-de-un-amor.html para finalemente convertirte todo tú en mi vida toda. Y yo que no ví todos mis http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/04/blog-post.html
Yo, que me consideraba una persona fuerte, feliz, sensible, risueña... y me estoy descubriendo de una manera que no me gusta, no me entiendo, puede que me haya convertido en algo peor, pero sin tí no puedo ser yo.
Jamás imaginé un dolor peor que éste, porque sé que te has ido y sé por qué; porque no es que no puedas volver, es que no quieres; porque te veo pero no puedo mirarte a los ojos; porque deje de importarte; porque no necesites recordar; porque hiciste promesas que ya no quieres cumplir. Porque tu cariño era mi bien más preciado, mi corazón para seguir, y yo solita lo he destrozado pensando que no era así.
Ojalá se muriera mi esperanza aunque ahora es lo único que me hace feliz.
De los errores se aprende y si yo no he aprendido nada quizás tú no fueras un error. Yo no me cansaré de repetirtelo, pero tú no te canses de querer escucharlo.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Hay que joderse
¿Qué pasa cuando decides que no quieres seguir? ¿Quién se encarga de empujarte y hacerte caminar? Si te duele dentro.
Quizás la mejor opción sea lavar el corazón, meterlo en agua con detergente, y todo solucionado. Pero si no tienes cuidado al dejarlo secar, puede que se quede petrificado como un pañuelo de papel.
Quizás la mejor opción sea lavar el corazón, meterlo en agua con detergente, y todo solucionado. Pero si no tienes cuidado al dejarlo secar, puede que se quede petrificado como un pañuelo de papel.
¿Y si no sabes qué hacer? No se puede preguntar a una margarita cuando es invierno.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



