domingo, 30 de noviembre de 2014

Errores

Me enamoro de los errores.

Tengo una extraña predilección por todos y cada uno de ellos. Planto el ojo, fijo mi vista en él y analizo cada uno de sus errores hasta aprenderlos de memoria. No a él, eso nunca, solo a sus errores.
Sus manos torcidas, su extrema delgadez, su terrible mentón, su chepa, sus cejas gigantes, su extraño lado femenino, sus estúpidas y absurdas, todas y cada una de las equivocaciones que tuvo el creador de su existencia.

Definitivamente tengo obsesión por encontrar los errores. A veces tan solo yo sé verlos -a veces me los invento-. Demasiado empalagoso, demasiado distante, demasiado cerca, demasiado lejos, demasiado bajo, demasiado alto. Ya está bien, es demasiado.

Demasiado daño.

Demasiadas veces equivocándome y construyendo mis propios errores a raíz de otros.

viernes, 24 de enero de 2014

Mi causa y tus efectos

De este abandono que te tengo son culpables otros. Esos otros que se encargan de instaurar la frialdad en ti, de hacerte fría a ti, de arrancarte el corazón, y a ti. De que dejes de sentir. Sentir que ya no sientes, que sentir es de cobardes, que ya no eres una niña y las mujeres no sienten. Siento que sea así.

Así, como el miedo que da ver una mirada fría, el miedo que da ver que el mar se secó en tus ojos, que nos esperan años de sequía. Que como no hay mar el cielo es gris, pero total, el cielo ya ni está ahí. Ahí, donde te sentabas a soñar y reír. Reír lo sigues haciendo, ríes, lloras, pero no sientes. Yo lo siento así, es la edad, es la vida, es el tiempo. El tiempo que me falta que se escapa entre los dedos, entre los brazos, entre tu cuerpo. Tu cuerpo... Tu cuerpo ya no es el mismo y por eso no lo quiero. No quiero un cuerpo que no siente, ya no te quiero a ti. A ti que me ayudaste a terminar de ser así.

Así sin tener nada de qué escribir, con lo que me gustaba escribir. Escribir para desahogarme. Para desahogarse ya no hay tiempo. Tiempo me falta para crear momentos por los que luego arrepentirme. Arrepentirme y desahogarme aquí.

Aquí, aquí ya no hay nada, ya solo hay recuerdos de cuando aún sentía. Y sin embargo sigo sintiendo: el amor por mi madre, por mi hermano, por mi familia, por los nuevos que vienen... Y sin embargo ya no tanto por los que se van. Si se van me quedo sola y tengo miedo.

Miedo a no volver a sentir aquello que me hacía venir aquí. Aquí, para hablar de cosas que ahora temo volver a sentir. Y no quiero. Quiero volver a escribir. Escribir ya no puedo.

Puedo.

lunes, 4 de febrero de 2013

No te líes si no es conmigo

Chaval, me malentendiste: Si te pedí estar a la altura me refería a la de mis caderas, si te pedí desayuno en la cama eras tú el único plato

domingo, 6 de mayo de 2012

Mi madre

Tu ombligo, madre, es la puerta que Dios dejó abierta para cuando quisiera regresar, para cuando tenga miedo y el mundo se me caiga encima, para que me sirva de refugio. Pero tu vientre se me hace pequeño cuando veo la grandeza que reside en tus ojos, madre, que a falta de uno me ofreces dos faros cuando el océano invade los míos; y Dios te los puso grandes para que no me pierda. Que con esos dos ojos has visto cada piedra que se nos cruzó en el camino a mí y a mi hermano, anticipándote a ella para que no tropezáramos. Y a pesar de todo, no has podido evitar vernos en el suelo, ver nuestra caída y nuestro sufrimiento, pero has conseguido levantarnos, doliéndote por nosotros, sacando finalmente esa sonrisa que sólo tú conoces.

Pero madre, ¿tú sabes la grandeza que me supone saber que yo he nacido de ti, que soy una extensión de tu cuerpo, que soy la continuación de tu vida? No sólo eso, la continuación de tu vida junto a mi padre, el fruto del amor más puro, que uniendo toda vuestra energía habéis conseguido crear el SOL más radiante. Puede que al crecer no hayamos podido mirar con orgullo mil diplomas en la pared, que no me hayas explicado nunca cómo se forman las nubes, por qué el cielo es azul, quien ganó la guerra de Vietnam... Pero todo eso se vuelve pequeño al lado de lo que tú me has enseñado: conozco de sobra lo dulce y lo amargo de la vida, por qué se forman las durezas en las manos, cómo suda una frente, que la humildad rompe barreras y, sobre todo, que con esfuerzo nada es imposible y que mi familia me hace grande. Tú me has levantado alto para poder tocar el cielo, he sentido la caricia del suelo en mi espalda y he sabido lo que es crecer por cada piedra más grande que he tirado al río. Madre, jamás te avergüences de no poder colgar un título en la pared, que en tu pecho tienes infinitos galardones, que mi hermano y yo sabemos que cada arruga de tus ojos es una batalla que has vencido y eres campeona del mundo en dar caricias suaves.

Victoria, que tu nombre ya lo dice todo.

No te enfades conmigo si te hago gritar, que lo hago para saber que tu voz sigue fuerte, que me gusta que retumbe en mi cabeza y despierte mis ideas. No me regañes si duermo hasta tarde, que me gusta soñar con mi futuro. Mis recompensas son fruto de tu esfuerzo, cada medalla que consigo tiene por un lado tu cara y por otro la de mi padre. Lo mejor de todo es que no temo al fracaso porque sé que, al final de mi caída, tu cuerpo sirve de colchón.
También conozco que hay momentos en los que toda tu grandeza se reduce y te invade la debilidad del ser humano, te conviertes en suspiros y el día se vuelve gris. Y aún así consigues sacar una sonrisa al ver mi cara, y así me llenas más de orgullo. Me haces fuerte al saber que también tu felicidad puede depender de mí, que mis abrazos consiguen recomponer tus pedazos, que te hago falta para sobrevivir.

Gracias mamá por conocer a papá, gracias por enamoraros, gracias por imaginarnos y gracias por aceptarnos como un regalo. Confío en aprender a tener la fortaleza de mantener una vida en mis manos como tú lo haces, por ahora intento aprender a devolverte todo lo que tú me has dado, servirte de alimento, de aire que llene tus pulmones, de risa que inunde tus oídos.

Podría llenar todas las páginas del mundo con todo lo que te quiero, pero me da miedo perder más tiempo sin estar abrazada a ti. No le pongo un punto a esto porque continúa con el beso que voy a darte ahora, ya me estás oyendo correr por el pasillo, te quiero

viernes, 27 de enero de 2012

A las doce de la noche se despierta mi deseo.

Son las doce de la noche, a partir de ahora todo está permitido. Escuchas algo sin querer, esa frase dicha sin claro receptor, aquello que estabas ignorando te desvela la noche y la verdad.
Y aparece ese escalofrío que reparte calor por todo tu cuerpo llegando a crear una verdadera hoguera en el rincón más oscuro. Entonces lo sientes, aparece sin avisar, sin pedir la palabra resuena en tu cabeza el latir de tu corazón excitado. Te lleva, te incita y te atrapa como una camisa de fuerza.
Te ves sin control, sin saber dónde esconderte, dónde encontrar tranquilidad, como un ratón sin su agujero.




Sí, ha vuelto a tu cabeza,
lo ha traído el corazón:
el recuerdo de esa tarde
juntos en la habitación.






Y no lo puedes evitar, ya es demasiado tarde, como la peor de las vacunas ha infectado todo tu cuerpo, sin embargo no te cura, te empeora, te da fiebre, sudas, arde todo tu cuerpo y se empañan los cristales. Y todo se contradice, se vuelve verano el invierno, pica el sol y está nublado, te siento dentro y ni si quiera estás fuera.
Y hacía meses que te fuiste, ya no te necesitaba, dejé de olvidarte y ni si quiera sentía odio ya.
 Pero a mi cuerpo no le ha resultado tan fácil. Y recuerda... tu boca que no era tuya, ni mi boca era mía, no eran de nosotros, se poseían a sí mismas. Siente tu mano dulce en mi nuca y la otra ciega en mi espalda practicando caída libre y se agarra antes de precipitarse. Y busca su vacío, y lo encuentra en lo profundo y sale asustada pero vuelve a entrar atrevida.
Tu ombligo encuentra su mitad y de tanto que se unen forman naranja entera; con él, sin querer, viene otro invitado, antes dormido, ahora despierto por ser llamado al pelotón, pero se pierde, se pierde... y sin embargo permanece firme, fuerte, duro, sin saber que así será mejor atraparle. Sin previo aviso la rapaz lo siente, lo divisa, y desciende rápido desde tu cabeza, por tu nuca, por tu pecho... como un relámpago que recorre tu eje de simetría y no se detiene hasta alcanzar su objetivo... y lo alcanza. Lo alcanza, sin miedo, con ganas, fue tan larga la espera.
Dos suspiros cronometrados, dos suspiros que no dejan escapar energía, la crean. Y entonces ya no hay vuelta atrás, ya se han adentrado, se han encontrado y los ojos necesitan ver para creer: dos camisetas de distintas tallas, dos pantalones de distinto color, mi sujetador... finalmente dos prendas opuestas se miran, se extrañan, se comparan y no encuentran igualdad... asustadas deciden esconderse, arrugarse y dejarse por los suelos.

Tu boca y mi boca se dan la orden y con el mayor de los suspiros dejan de ser suyas. Deciden experimentar, conocer nuevos lugares del mismo mundo, del mío, del tuyo, del nuestro. Y se van, y se alejan, y se sienten desde otra parte, y no notan diferencia porque es el mismo calor, el de tu cuerpo y el de mi aliento expulsado con un cañón. Y tu lengua, y mi boca. Y mis manos en la redondez de tu culo y tus manos en la redondez de mis pechos. Ya no suspiro, se me agrandan los pulmones y no hay suficiente aire para llenarlos. Todo deja de ser intuición, todo se vuelve puro y duro, animal, los roces siguen pero empiezan a quedarse pegados. Sucio y a la vez limpio, tu sudor se vuelve la mejor de tus colonias, mi sabor se vuelve ácido, me gusta la manera en la que me siento rara. Hasta que nos volvemos simétricos y el eje que hay entre los dos se ve aplastado por un cuerpo sobre el otro, te veo los ojos y me ves los míos, recuerdo que eres tú, que soy yo, y el deseo es aún mayor.
Y tanta poesía, tanto amor, tanto suspiro se vuelve sexo. Pero tú no estás aquí,
la canción se acaba y vuelvo a la realidad, se abre la caja de Pandora y todo sale volando cerrándose para que únicamente quede el deseo abrazado a la esperanza.
Me duele la cabeza, el ceño se me frunce y suspiro, ahora sí, abandonando toda mi energía.


Fuiste la miel en mis labios cuando yo quería el bote entero.

miércoles, 18 de enero de 2012

Mete mis ganas en tu ombligo.

Vigila por dónde caminan 
tus manos
que por cada lunar hay una mina
y puedes salir volando.
Y romperte en mil pedazos
y quedar cada uno esparcido 
por cada esquina de 
mi cuerpo.
Tú vigila, vigila,
que a mi espalda no la veo,
se tú su protector y tapa
con cada dedo
cada uno de mis agujeros.
Acaricia mis heridas, 
tápalas con tu saliva,
ciérralas con un beso.
Sujeta mis rodillas
cuando tiemblen,
roza tu cuerpo con el mío
y conseguiremos prendernos fuego
para acabar con este frío.
Si cierro los ojos
y no puedo verte
haz que te sienta,
muérdeme hasta los codos, consigue besarme el alma.
Que nos tenga envidia la rosa del Principito.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Del algodón al cemento

Algunos tratan de ser de esas personas que afirman que por cada vez que caen deben levantarse después. Pero yo no me caigo, no sólo tropiezo, yo me tiro de cabeza contra el suelo. Y si intento levantarme hay alguien que se encarga de volver a empujarme. ¿Acaso no debería acostumbrarme a vivir pegada al suelo? De tantas veces que me he caído, tirado o me han empujado, ya estoy acostumbrada a su dureza, a su frialdad en invierno y su ardor en verano.

Al final parece que el camino que todos seguimos para alcanzar la felicidad es el de adaptarnos al medio en el que vivimos, con pequeños instantes sobre las nubes.
Lo malo es que si yo subo a las nubes, caer al suelo otra vez es mucho más doloroso.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El monstruo que ocupó tu sitio debajo de mi cama.

Desde que no estás tengo miedo. Miedo a hablar y equivocarme. Y si no puedo hablar, no puedo decirte todo lo que quiero:

Podría decirte que te echo de menos, o directamente que te quiero. Quizás, para hacerlo más bonito, podría decirte que sin ti no vivo. Para ser más concreta, podría decirte que el sol sale a las doce de la noche si te veo venir, pero que se vuelve una simple farola si te detienes a 10 metros de mí y la bombilla se funde si encima no me miras. Si me vuelvo realista, podría decirte que mi imaginación se desarrolla en torno a cómo saludarte si apareces por la pantalla de mi ordenador; que noto más golpes en mi pecho por segundo desde que me respondes el saludo y que, cuando te vas sin decirme "te quiero" le rompes la lógica de la rutina a mi cabeza y además, se me estropea el corazón. Si prefieres mi parte sensible, podría decirte que no veo el azul del cielo, mis labios no sienten calor, no escucho lo que quiero, no beso lo que siento y sólo conozco un olor. Si te gustaba cuando era tonta, podría decirte que duermo abrazada a ti desde mi cama, que busco tu colonia en las perfumerías, que me sé de memoria todas tus fotos... en verdad no son tonterías, me las dejé en tus manos.

Podría decirte cosas infinitas, cosas imposibles, hablarte del futuro, recordarte el pasado... pero la verdad es algo muy difícil, que mucha gente sabe y pocos se atreven a decir. Y yo tengo miedo, por eso te pido que vengas en mis sueños para que estés conmigo y se me pase. Y de repente te veo, y voy corriendo, me atrevo y te cuento todo y quiero gritar que te quiero. Pero todo el mundo sabe que es imposible gritar en los sueños.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Lo esencial es invisible para los OJOS

Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.


No sé que es peor si mis "sin querer" o tus "a propósitos"; que te apuñalen una vez por la espalda o veinte a la cara; al que un día le cegó la luz o el ciego que no quiere verla.

Si siento que no se llenan mis pulmones y me cuesta respirar es porque me acostumbré a que tu olor formara el ochenta por ciento del aire que respiro. Ni el mejor de los platos puede alimentarme la mitad de lo que lo hacías tú. Por las noches te imagino, pienso que estás al otro lado de la cama pero no recibo más calor que el de las sábanas; ni los sueños quieren que te encuentres conmigo. ¿No ves que si desapareces tan rápido de mi vida me muero? No respiro, no como, no duermo. Y no hace falta que te diga que sin tí no sonrío.
Porque resulta que mis días se construían sobre tí y yo no me dí cuenta que siempre estabas ahí, sacando lo mejor de mí http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/12/el-pitido-del-silencio.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/10/hoy-escribo-para-nadie.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/08/uno-y-uno-siempre-fueron-dos.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/07/interpretame-mal-yo-te-entendere-bien.html
http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/05/diferentes-pensamientos-de-un-amor.html para finalemente convertirte todo tú en mi vida toda. Y yo que no ví todos mis http://diminutaspalabras.blogspot.com/2010/04/blog-post.html

Yo, que me consideraba una persona fuerte, feliz, sensible, risueña... y me estoy descubriendo de una manera que no me gusta, no me entiendo, puede que me haya convertido en algo peor, pero sin tí no puedo ser yo.
Jamás imaginé un dolor peor que éste, porque sé que te has ido y sé por qué; porque no es que no puedas volver, es que no quieres; porque te veo pero no puedo mirarte a los ojos; porque deje de importarte; porque no necesites recordar; porque hiciste promesas que ya no quieres cumplir. Porque tu cariño era mi bien más preciado, mi corazón para seguir, y yo solita lo he destrozado pensando que no era así.
Ojalá se muriera mi esperanza aunque ahora es lo único que me hace feliz.

De los errores se aprende y si yo no he aprendido nada quizás no fueras un error. Yo no me cansaré de repetirtelo, pero no te canses de querer escucharlo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hay que joderse

¿Qué pasa cuando decides que no quieres seguir? ¿Quién se encarga de empujarte y hacerte caminar? Si te duele  dentro.

Quizás la mejor opción sea lavar el corazón, meterlo en agua con detergente, y todo solucionado. Pero si no tienes cuidado al dejarlo secar, puede que se quede petrificado como un pañuelo de papel.


¿Y si no sabes qué hacer? No se puede preguntar a una margarita cuando es invierno.

lunes, 10 de octubre de 2011

Necesidad

Para dejar de llorar, cierra los ojos, consigue que nada salga, que se quede todo dentro.



Ahora imagina... imagina que estás lejos, que todo es verde y de color azul, que con sólo abrir los pulmones eres capaz de atrapar todo el aire del lugar, que huele a nuevo, a libre, a salvaje, a vida.
Ahora siéntate allí, abre los ojos a ese lugar, que todas tus lágrimas caigan allí, que el sol seque tus mejillas. Abre una mano, siéntela cerca, deja que te acaricie, invítala a sentarse a tu lado y ella lo hará. Encuentra su sonrisa, busca su voz y respira su olor. Abre la otra mano, nota su fuerza, deja que te agarre para que no puedas caer, probablemente él permanezca de pie.

Y de repente ya está, ya no duele, se han ido, allí no podían entrar, Ella no los dejó pasar. Y respiras, y sonríes, y te sientes flotar. Puede que sigas llorando, pero por cada lágrima salada, tres tienen azúcar.

Ojalá no despertases nunca.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Entre las dos hojas en blanco del final del cuento, justo antes de la tapa.

Pérdoname si ahora prefiero no pensar en tí, pensar que en que te conocí y creer que eran más bonitas las flores de tu camino. No supe apreciar el cielo azul que había detrás de tu cara, ahora sólo quedan nubes que me recuerdan que es casi invierno. Y empieza a hacer frío, pienso en algo cálido, algo que me de su abrigo... y otra vez tú. Tú y tus manos, tú y tus brazos, tu pecho, tu ombligo, mi espalda... y un escalofrío que me recuerda que de eso ahora nada, que ahora toca olvidar y seguir adelante.
Pero actúo como un perro con un collar de castigo delante de un plato de comida del que le han dado a probar, pero ahora no es hora de comer.

Mejor me rindo, agacho la cabeza y encuentro a mis manos, veo a su lado el fantasma de las tuyas que me agarran, estiran mi brazo y forman un arco, tan alto como el de un castillo. Me acercas a tí y consigues que pase por debajo: ahora soy tu princesa, de diadema tu sonrisa, con tus dos ojos de diamantes. Pero alguien grita "¡cambio de pareja!" y pierdo a mi príncipe y tú a tu princesa.
Me encierro lejos, en mi torre, desde aquí las palomas mensajeras no conocen tu nombre. Por eso, permíteme odiarte, porque no coges tu caballo y vienes a rescatarme, cumples tus promesas y me llevas lejos, donde tú puedas gritar y yo quererte sin pensar, dejar de ser y ser feliz.

Pero tranquilo, todo esto es imposible, por eso lo escribo, yo sólo puedo quererte y que estés conmigo, para que me cuentes tu cuento, seguro que es bonito, como todo lo que haces y lo que yo me imagino.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Monica se desahoga de nuevo.


Hay que vacíar la papelera, tiene demasiadas cosas dentro. Y no todo es basura, parece que quienes tiraron todo eso no sabían reciclar. Es tanto lo que contiene que todo junto parece una maraña, una bola de cosas sin sentido. No trates de buscar la lógica, no tiene razón de ser, es una maraña, y mucho menos intentes deshacer el nudo, es completamente imposible; alguien quiso intentarlo más de una vez, pero está demostrado, lo cojas por donde lo cojas, es imposible.



-Lo necesito, necesito acabar con esto, demasiadas cosas malas, y no se compensa con las 4 cosas buenas.
Cuando parece que todo va a ir bien, que has encontrado el motivo de tu felicidad, todo se desarma. Y es que tengo que dejar de imaginarme momentos felices, de pensar que todo irá bien, porque no siempre es así. A veces el destino puede contigo. También tengo que dejar de pensar en el destino.
   Si ya lo dice la gente: no es oro todo lo que reluce. Pero el problema es que en verdad nada relucía, era yo que me lo imaginaba.
Como cuando pensé que tus ojos brillaban cada vez que hablabas conmigo, cada vez que me mirabas; para nada, en verdad era el reflejo de los míos. Como cuando pensé que esa muestra de interés hacia mi día a día significaba que querías seguir adelante, seguir al día, seguir viviendo; ni mucho menos, era la necesidad de saber una última noticia, de dejar un bonito recuerdo, de despedirte, por cumplir. O como cuando pensé que dominaba mi vida, que podía hacer lo que quisiera, porque nadie me lo iba a reprochar; pero no me dí cuenta de que eso significaba utilizar a los demás para mi propia saisfacción y eso, eso es pecado.

Así pues, me he cansado de cometer tantos errores, creo que ya he madurado lo suficiente por ahora, prefiero seguir con mi inocencia y no aprender a base de palos, no más. Siento que tengo que empezar algo nuevo, algo bueno, que borre todo lo anterior, o que por lo menos lo difumine, o que tenga tanta carga positiva que me haga ver todo esto como un bonito recuerdo de mi inmadurez.

Parece que al final no me até bien los cordones, me tropecé y caí de boca contra el suelo. Pero al menos eso me ha servido para librarme de correr, todos sabemos que nunca me ha gustado correr.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Me ato los cordones

Ya está, lo he decidido: correré en línea recta, aunque el camino sea largo. Y puede que quizás esto me aleje de tí por un tiempo, pero el mundo es redondo y algún día volveré a encontrarte. Y si el verme marchar te asustó y decidiste darme la espalda, podrás verme llegar y permanecerás con los brazos abiertos, preparado. Si no es así, y aún al verme marchar decidiste esperarme, apareceré por tu espalda con el mejor de los abrazos, y tú, sin poder verme, sabrás que soy yo, porque nunca nadie había conseguido encajar sus brazos alrededor de tu cuerpo.

miércoles, 27 de julio de 2011

Me obligas a sonreir.

Todo alrededor era hermoso, como si fuera el mejor cuento de hadas.
Por ver que tú eras un príncipe, quise ser la mejor princesa, pero otro se encargó de recordarme que nunca supe llevar corona. Tampoco he conseguido adaptarme al trono.
Pero justo entonces me hiciste ver la realidad, y descubrí que no eras un príncipe, que eras mucho más.


Por eso, prométeme que vendrás a por mí, que haremos mil cosas juntos, que me enseñarás a ser feliz. Sólo promételo, que ya veremos como hacemos que se cumpla.


Se acabó el cuento de hadas, tuvo el más bello final, con pájaros tirando flores y orquesta real. Ahora toca vivir la vida, y sería más bonita si viviéramos juntos. No hace falta olvidar el pasado, sólo dejarlo atrás. Yo iré pensando en cosas que hacer juntos, me conformo con que tú pienses en mí. No hace falta ir de la mano, solo ir, y tampoco compartir helado, solo compartir.


Por eso, prométeme que vendrás a por mí, que haremos mil cosas juntos, que me enseñarás a ser feliz. Sólo promételo, que ya iremos viendo cómo cumplir.

Perdí el sentido del tacto, creo que tú lo has encontrado al final de tus manos. Me veo en la obligación de compararlo todo. El café me sabe amargo, ya no me emborracho. Conozco el infinito, pero no puedo mirar a los ojos. He dejado de caminar por no estar más lejos de tí. Y muchas cosas más que aún no sé explicar.


Por eso, prométeme que vendrás a por mí, que haremos mil cosas juntos, que me enseñarás a ser feliz. Sólo promételo, que ya iremos viendo cómo cumplir.


 
Dime todo lo demás.

martes, 28 de junio de 2011

Un recuerdo 18,2011. Adiós.

Un latido marcado, sin ritmo acelerado, pero marcado. Que atraviesa el pulmón, tres costillas, el pecho y el pezón. Ya lo sabe, está aceptado, pero hay que oírlo, no hay necesidad, pero hay que oírlo. Y lo oye, lo escucha. Una voz inesperada, una cara familiar, que nunca había visto, jamás. No se derrumba, sabe lo que tiene que hacer, corre a paso lento, decidido. Y se ve diciendo lo que antes escuchó.
No duele, sólo está, ahí, dentro.
Pasos, es él. Una silla deja de sentir calor, camina. El peso de otra persona aplasta el suyo, y se ve fuerte, y se siente orgullosa. Una nueva figura en ella. Unas llaves, un motor, un camino.
Una carretera, un parque, una lágrima. Aguanta.
Sol...campo...flores...tierra...verja.

Ascensor, piso 13, puerta. Paredes blancas, esquina, pasillo, esquina, silencio, puerta, silencio, gente, familia. Un latido, pumpum, dos latidos, hola, pumpum, tres latidos, pum...abrazo...pum, cuatro latidos.

Valor, ¿valor?, seguridad, lo normal, puerta, pasillo, enfermeras, un llanto callado. La puerta, una cama, cortina, tras la cortina: LUZ. Ella, ella, él, ella, hola a todos, él.
Un latido, pumpum.... ¿?....nada. Sonrisa, es él, está, él. Una caricia, dos, tres, sonrisa, cuatro, es él, sigue ahí.
Sigue ahí.
Sigue ahí.
Se le llevan, otra prueba, no, ninguna más.
Lloran, no hay más, nada más.

Te ves venir, no es tuyo, pero está en tí, pero no es tuyo. Sale, no es tuyo, rabia, no eres tú. No quiero drogas. Y sale. Falta alguien. Y es normal, no hay nada más.
Coche, más coches, otro coche. San Isidro. Pradera, sin gente, convertida en parque, vacío.
Y está ahí, sigue ahí, no se ha ido.
Noche.
Sigue ahí, está ahí. Amigos. Gente, mucha gente, demasiada, que se vayan. Sigue ahí.
Contenida, explota, un golpe en el cristal, diez golpes sobre tí, no eres tú. Reproches, calma conocida inesperada.

Y se va.
Coches, más coches, el coche... SIGUE AHÍ, ESTÁ AHÍ, MÍRALE!. Se va.
Campo, montaña, muro, verja. HA VUELTO, es...él...está...ahí. Sol, mucho sol. Calor...frío...está...ahí.
Tierra, palas, flor, tierra, corre, flor, cuerdas. Tierra, tierra, tierra, tierra, BASTA!.
Piedra, palanca, despacio, demasiado despacio, BASTA!, me ahogo, te ahogas, me ahogo, te ahogas... te...ahogas...te ahogas... me ahogo. Adiós...¿?...¿?...¿¿¿¿????. ¡¿NO?!

Mano sin fuerzas sostiene flor delicada recién arrancada, es decir, muerta. Pies arrítmicos que un día bailaron... pero ya no. Pisas sin querer un apellido que vive, seguido de un nombre muerto. Piedras olvidadas. Recargamiento de santos, fotos curiosas. Pero todo se ve blanco. Gafas de sol, una lágrima en la mejilla, dos en la barbilla, dieciocho esperan en el corazón. Zarajos dentro de tí. Una voz. Dos voces. Un grito. Muda. Un hoyo, tierra, dos palas, una piedra, una caja. ¿Dónde está? Sabes dónde debería estar. Habla, hazte oír. Quieres y no puedes, te ayudan, y la flor cae dentro. Ceño fruncido, morros fruncidos.

Y se quedó para siempe, seca, con asombro, sin entender nada.

martes, 3 de mayo de 2011

Dalí, Miró. Surrealismo.


Hoy no escribo, no sé, esto es todo. Si en un futuro soy famosa, esto es digno de estudio, y entra en Selectividad a jóvenes de 24 años, no tendrá mayor complicación para ser descifrado.

sábado, 16 de abril de 2011

Me indigno y escribo tonterías. Tomo 134

Alguien me dijo que cuando quisiera algo cerrase los ojos fuertes y lo gritara con todas mis fuerzas. Pues bien, ahora me llaman la Muda Loca y veo el mundo entre lucecitas de colores.
Siempre me han dicho que cuando quiero algo, muevo cielo y tierra y siempre lo consigo. Pero la realidad es que el cielo sigue arriba, la tierra abajo y mi casa llena de murciélagos dormidos.

Detesto que me hayan inculcado el "si quieres puedes" y la "nada es imposible". Nadie se encarga de buscar explicación a la muerte, muchos han conseguido atrasarla pero nadie se atreve a solucionarla, solo los soñadores, y entonces hacen una película porque necesitan dinero.

Por lo visto alguien me apuntó a clases intensivas de comprensión y análisis del pasar de los años y su fin. Como tesis propongo la complicación que resulta al no saber a quién llorarle, por quien ponerte triste, en quien pensar cuando necesitas llorar para la escena de la muerte principal del personaje, a quien atribuirle tus éxitos mientras miras hacia arriba. Sí, estoy dando pena, voy de víctima, pero es la ventaja que tiene estar de luto, nadie te reprocha nada.

Las enfermedades, una vez pasado el tiempo, dejan de dolerte, te vas recuperando. Esto no, esto aparece años después, cuando ya no te acuerdas, cuando haces limpia en el cajón, o cuando te tropiezas, o cuando pasas por allí, o cuando te llega el olor, y vas a dar con ese jabón que huele a ella, con esa frase que decía él, con el nombre de ese pez que nadie sabe y él te enseñó. Y entonces te tiembla la barbilla y ya no comes, y todo es emborrona, y se te duermen las piernas, y te duele el brazo.
Y olles pasos por detrás y se derrepente se te pasa. Y te hacen reír y no te duele.

Entonces, piensas que tienes manía bipolar, pero a él también le pasa. Y piensas que aquel hombre no estaba enfermo, tan solo fue valiente, tan solo un día no pudo más y lloró con ganas y al rato, alguien le hizo reír hasta que le dolió la tripa. Y entonces él está loco. A los locos los encierran, porque son felices, y en el fondo nadie quiere ser feliz. Si todos fuésemos felices, nadie podría ser más feliz que otro, y entonces la gente que tiene la vista fijada por en cima de los hombros (y de los hombres) no se distinguirían de los demás, y podrían matar a alguien.

Así que, ya está, ahora piensas en otra cosa y se te pasa. Y mañana, te despertarás y nadie se acordará de nadie.

La pareja del café.

Un café moderno en una calle vieja. Mobiliario con reciente olor a barniz y chirridos de cargas durante años. Un cuadro de Charlie Chaplin junto a otro de los Beatles. Pantalla de LED con vídeo en blanco y negro. Olor a café de casa de la abuela en cafetera de George Clooney. Sonido digital envolvente de canciones de la gramola sin enchufar del rincón. Asientos con tejido rococó comprado en Julián Lopez. Aspecto sencillo y acogedor de enorme presupuesto. Odiaría estos sitios que tratan de unir el futuro con el pasado sin importarles que se coman todo el tiempo entre medias, pero los ojos que miran esa pequeña boca que habla sin sentido mientras piensa lo suave de la mano que acaricia su dedo índice impidiendo que dé otro sorbo a su café, me invitan a pensar en el presente.
Yo me iré cuando pida la cuenta, pero ellos seguirán hablando del pasado mientras ambos, sin saberlo, piensan en el futuro. Y el propietario del café tendrá razón. Y yo cambiaré de sitio, a pesar de que el café lo servían con una galleta recién hecha.